Educación·Literatura

¿Nadar contra la corriente o arar en el mar? Las dificultades del fomento a la lectura y su evaluación.

Con los años que tengo como profesor de español y literatura me ha quedado más que claro que la lectura es en la mayoría de los casos una actividad que le causa dolores de cabeza a muchos estudiantes.  Lo peor es que esto no sólo es cierto para ellos, sino también para los profesores, pues los primeros casi siempre tienen una resistencia a leer (sobre todo si es por obligación) y los segundos la no grata tarea de calificar.

¿Evaluar la lectura?

Lo he intentado de varias maneras. En mis inicios como profesor me empeñé en que los chicos leyeran un libro al bimestre, seleccionado de un catálogo de literatura infantil y juvenil.  Llegado el día, los alumnos contestarían un examen escrito al respecto.

¡Oh sorpresa! ¡Cuando llegaba la fecha del examen, la mayoría no había realizado la lectura y obviamente reprobaban!

Después consideré que era una buena idea que la lectura fuera libre.  Lo manejé así: Podían traer cualquier libro que quisieran de los subgéneros fantasía, ciencia ficción, terror o romántico, lo leerían en clase y después expondrían a los demás qué les había gustado y por qué lo recomendarían. Cuando uno de mis alumnos trajo un libro de Stephen King que hablaba sobre una relación sadomasoquista comprendí mi error…

No sé realmente qué tan libres o tan limitadas deberían de ser las opciones de lectura para los alumnos.  De hecho, ni siquiera estoy seguro si deberíamos dejarles lecturas obligatorias.  En un mundo ideal la lectura es un placer al que se llega por voluntad propia y creo que muchas veces los profesores matamos ese gusto antes de que aparezca.

Entre los jóvenes, la literatura lucha por atención con Netflix, Snapchat, Whats App, Instagram, Facebook, Tumblr…; y ni se quejen los que vivimoch loch noventach, porque entre nosotros luchaba contra la televisión, MTV, Messenger e ICQ.

¿En realidad debe haber una lucha o la literatura debe buscar otras maneras de atraer a las nuevas generaciones?

Contrario a las especulaciones de la generación de mis padres, veo que surgen much@s chic@s entre 18 y veintitantos que leen mucha literatura (aunque la mayoría sean Bestsellers) e incluso se animan a subir sus videoreseñas a YouTube (BookTubers). ¿Qué los acercó a la lectura? Punto aparte, con la excepción de mis compañeros de carrera y algunos colados, ubico muy pocos lectores entre la gente de mi edad (treintones, no se hagan).

Creo que asignarle una calificación a la lectura es el primer error que tenemos como docentes. Deberíamos crear una comunidad de lectores que pueda leer no sólo textos literarios, sino lo que le venga en gana libremente. La verdadera labor de los profesores debería ser maravillar a los alumnos y atraerlos a la lectura como si de un nuevo iPhone se tratara, enseñarlos a saborear el lenguaje y crear una comunidad que comparta con gusto sus experiencias lectoras.  

¿Ustedes ya lo lograron?

 

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